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LOS MUROS

LOS MUROS

  -Sr. SanBruno, realmente estoy sorprendido con su visita. En varias ocasiones fue invitado a reuniones, cenas, actos políticos, sociales y culturales, y siempre se negó. ¿A qué debo el “honor” de su visita?

  -Usted sabe, señor presidente, que mis actividades empresariales son múltiples y no me satisface asistir a reuniones baladíes, dicho sea con todo respeto.

  -Pues sí, para algunos pueden parecer inútiles las actividades promovidas por la presidencia, pero usted debe comprender que es necesario “aceitar” constantemente la maquinaria gubernamental.

  -Lo entiendo, pero por lo mismo, poco o nada puedo aportar a dichas reuniones.

  -Pero si usted es el hombre más rico del país. Tiene muchos recursos en cuanto a organización, productividad, negociación…

  -Los cuales he puesto al servicio de la sociedad generando empleos, y aunque falte a la modestia, en obras de beneficencia.

  -Lo sé; hospitales, asilos, becas para estudiantes, etc. Pero usted podría aportar mucho con sus ideas. En fin, ¿cuál es el motivo de su visita?

  -Señor, ya estoy harto, como millones de mexicanos y extranjeros, de las arbitrariedades y tonterías del presidente del norte. Es cierto que muchos están en su contra pero, así como es difícil para él poner en práctica sus decisiones debido a la oposición en su propio país; también es mucho su poder para que sea vencido así, sin más. Por lo tanto vengo a sugerirle, a solicitar su ayuda para derrotarlo.

  -Si los ciudadanos y políticos del norte no pueden anularlo, creo que para nosotros es poco menos que imposible.

  -Escuche: tengo un plan bien elaborado, mis asesores y yo tenemos todo dispuesto, sólo hace falta la ayuda del gobierno que usted preside.

  -Espero su propuesta.

  SanBruno explicó detalladamente al jefe de estado su plan, éste, después de analizarlo con detenimiento estuvo de acuerdo con su interlocutor y le ofreció dictar las órdenes pertinentes. Sabía que, de tener éxito, él pasaría a la historia como uno de los mejores mandatarios de los últimos años. Se despidieron con un abrazo sincero y cada quien se dispuso a realizar las acciones correspondientes.

  El Sr. SanBruno era ampliamente reconocido en todo el país y en el mundo, no sólo por su enorme riqueza (accionista mayor de la CONMEX), sino por su altruismo y magnanimidad. Por eso, cuando participó en el concurso para construir el muro fronterizo, la gente, sorprendida, comenzó a criticarlo acremente. Ganó dicho concurso porque ofreció mejores precios, calidad y un tiempo reducido para empezar y concluir las obras. El descontento popular aumentó al grado que hubo mítines y marchas de repudio; en poco tiempo perdió la estimación de quienes antes lo consideraban un paladín de la justicia social.

  Un día apareció en las redes un vídeo dirigido al público en general.

  -Compatriotas, sé que están sorprendidos y muy enojados conmigo, pero debo decirles que mi decisión es por el bien de los mexicanos. La construcción del muro nos beneficiará a todos. Como todo lo que hice anteriormente no bastó para ganarme su confianza a toda prueba, les recomiendo que no me ofrezcan disculpas más adelante; no las aceptaré. Después de hoy sólo me dirigiré una vez más a ustedes cuando sea oportuno. Por favor, no me busquen.

  El muro se construyó en un tiempo récord, lo cual no impidió que muchos “mojados” siguieran ingresando a los Estados Unidos. SanBruno recibió el pago total de la obra cuando los inspectores constataron que había cumplido con los requisitos. El empresario vendió las acciones de su empresa y se retiró… desapareció.

  La gente comenzaba a olvidar al hombre, pero, un día volvió a estar en la mente de todos; de los mexicanos, de los gringos, de los centroamericanos y, en fin, de todo el mundo. Las bases de las columnas metálicas empezaron a mostrar signos de corrosión. En poco tiempo el muro se fue derrumbando sin que Míster Aldo, el presidente del norte pudiera hacer algo para evitarlo. Buscó y demandó a SanBruno, pero éste, como ya se dijo, había desaparecido. El presidente del norte quiso que la empresa CONMEX le devolviera el importe o reparara los daños, pero como ya pertenecía a otros empresarios, no tuvo éxito. Acudió a organismos internacionales, pero fracasó. Pidió al congreso una partida extra, sin embargo era demasiado dinero para derrochar en un muro cuya eficacia no se había demostrado.

  En México, la gente se pronunciaba por dar a SanBruno la presidencia de la República.

  SanBruno publicó un segundo vídeo.

  -Compatriotas, les recuerdo que les pedí se abstuvieran de disculparse. Olvídense de mí.

  Tal vez con el tiempo lo hubieran olvidado. Pero el empresario tenía preparado un segundo golpe, mortífero. Cuando se realizó la construcción, también hubo necesidad de proporcionar habitaciones a los trabajadores, de modo que, a lo largo de la frontera surgieron colonias para albergar hombres y materiales. Ahora fueron aprovechadas para crear más desconcierto en Míster Aldo. Los dueños de la constructora sólo eran prestanombres, el verdadero poseedor de la empresa seguía siendo SanBruno. Ordenó que se hicieran excavaciones en los patios; muchos camiones transportaban tierra y piedras hacia el sur. Míster Aldo sospechó que se estaban construyendo túneles, así que ordenó invadir casas pertenecientes a gringos, a donde se pensaba que irían a dar los túneles. Nada encontraron. Pidió a las autoridades mexicanas autorización para revisar las construcciones del lado mexicano.

  Se topó con la resistencia del gobierno y sobre todo, de los dueños de CONMEX. Después de mucho hacerlo repelar, por fin le fue permitido visitar algunas casas. Acudieron sus inspectores y autoridades mexicanas, así como medios de comunicación. La sorpresa fue mayúscula, los túneles no se internaban en territorio norteamericano, sino que comunicaban las casas entre sí.

  Poco a poco, bajo las órdenes SanBruno, se implementaron cooperativas muy cerca de la frontera. En ellas hallaron cobijo no sólo quienes habían participado en la construcción del muro ya casi inexistente, sino que también se incorporaron miles de mexicanos que, en otras circunstancias hubieran tratado de ingresar a Estados Unidos de manera ilegal. En las cooperativas encontraron trabajo bien remunerado, ya que ellos, como socios, trabajaban con ahínco recibiendo los beneficios por su esfuerzo.

  Los vecinos del norte resintieron la ausencia de trabajadores y solicitaban al gobierno que otorgara urgentemente visas de trabajo, pero la necedad del xenófobo no cedió ni un ápice. Su economía se vio afectada no sólo por la falta de mano de obra, sino también porque los comercios dejaron de vender al disminuir la población consumidora. Para colmo, y con la anuencia del presidente de México, en la frontera sur también se establecieron cooperativas con el fin de que los centroamericanos se quedaran a trabajar más cerca de sus países.

  -Sr SanBruno, estoy sorprendido con el feliz resultado de su plan, y me pregunto: ¿su fortuna se ha visto muy afectada?

  -De ninguna manera, aunque las ganancias de las cooperativas son para sus integrantes, tengo intercambio comercial con ellos. Les vendo y me venden, así es que todos salimos ganando. Ahora debo decirle que países de Centroamérica nos han solicitado implementar el mismo sistema en sus países, creo que no habrá inconvenientes, ¿verdad?

  -Ninguno, conociendo los resultados, sé que se incrementará el intercambio comercial en la zona y los ciudadanos de esos países no tendrán necesidad de pasar a nuestro país, y mucho menos a Estados Unidos.

  El ridículo para Míster Aldo (don Aldo) fue inevitable. Después de esto, el rechazo de sus compatriotas se generalizó, de modo que acabó su mandato ante una desaprobación sin precedentes. Pasó el resto de sus días en el ostracismo más feroz; lamentando su torpeza.

15 de marzo de 2

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